Historia de la Musga Klara
- Gente Viajera
- 11 may
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Introducción
Los musguis son unos seres diminutos que habitan en algunas oquedades cubiertas por musgo en el desconocido valle alto de Árreu, donde se descuelgan las aguas del estany Muntanyó entre pisos de meandros, que fueron antiguos lagos colmatados,
Son protectores de los bosques que cubren ambas laderas, principalmente la orientada al norte. Desde sus oteros, o musgonas siempre en lo alto de las rocas graníticas, vigilan, a partir del deshielo de primavera, que cada mañana cuando comienza a hacerse la luz, todo esté en orden…
Por ejemplo, los barrancos drenando el agua desde las alturas; el rocío deslizándose por las nervaduras de las hojas hasta el borde; los hongos abriéndose paso por el entramado de las turberas; los pequeños herbívoros asomados a sus madrigueras esperando los primeros rayos de sol, los cérvidos saltando de roca en roca para beber en los arroyos.
En definitiva que la gestión del bosque esté perfectamente articulada y que nada sorprenda a quien lo cruce. También se ocupan, durante los largos meses de invierno, de supervisar que las provisiones para la subsistencia de todas las criaturas que lo habitan sean suficientes…
La vida cotidiana de los musguis es semejante a la de los humanos. Son sexuados y tienen órganos y extremidades proporcionados a su tamaño. Y desde los albores de la adolescencia se suelen emparejar; sus relaciones suelen ser estables y duraderas.
Las vestimentas las elaboran principalmente con vegetales que hilan y tejen en unos talleres localizados bajo algunos viejos troncos de árboles. Se alimentan principalmente de tallos, frutos y raíces de algunas plantas de alta montaña.
Son laboriosos, pacíficos, disciplinados y cumplen las leyes que dicta el Consejo Musguí. Raramente surgen conflictos ente ellos ya que son tranquilos y muy tolerantes.
Voy a presentaros a los protagonistas de esta historia:
Rotor es el presidente del referido Consejo Musgui; es un personaje inteligente, empático y suele tener generalmente soluciones imaginativas para cuantas situaciones se le presentan.
Jeshua dirige una residencia para musguis que se encuentran de paso hacia otros bosques; esta ubicada en una repisa rocosa de musgo muy tupido, como un mirador; se la conoce como la musguera. Últimamente suele estar concurrida por los que huyen de los incendios en otros lugares. Los musguis viajan empujados por el viento sobre unos globos transparentes, como pompas voladoras, que crean con sus brazos
Klara es un ser muy especial; una artista con gran creatividad y una acusada sensibilidad; canta, escenifica y realiza actuaciones sobre temas de actualidad en la comunidad musgui. Es muy emotiva, afectiva, resistente, resolutiva, aparentemente dura, pero frágil…
Tron es su pareja. Socialmente es amable, educado y con buena disposición; pero su vehemencia en situaciones conflictivas, crea tensión a su alrededor. En estas ocasiones se muestra autoritario, egoísta y prepotente, sobre todo cuando presiente que no tiene razón. Él es una excepción, dentro del colectivo musgui, cuyos miembros son solidarios, cooperadores, desinteresados y no les cuesta pedir disculpas por sus errores.
Por último, Devra. Es una musga diferente. Vive en una zona del bosque alejada del resto; su oquedad es un espléndido mirador sobre uno de los meandros que describe el río sobre el valle, Allí se respira paz, sosiego; suelen frecuentar el lugar otras musgas cuya sexualidad se resuelve entre ellas. No reciben ninguna discriminación por el resto de musguis; son respetadas y nadie cuestiona su libido.
La historia, parte primera
La convivencia de Klara con Tron atravesaba malos momentos, sobre todo cuando éste bebía musgol, un destilado que se elabora en grietas muy profundas, con las bayas de los arándanos; en estos ratos de euforia, tenía con ella actitudes desconcertantes.
A Klara la situación le producía dolor; era consciente que su relación tocaba a su fin. Pero ambos trabajaban en el mismo taller de vestimentas vegetales, bajo las musgosas raíces de un pino negro. Él era su jefe de producción y ella una costurera más…
Separarse ambos y trabajar en el mismo lugar no era aconsejable. Así que Klara decidió pedir una entrevista con Rotor, quien coordina esta comunidad musgui. y se le consideraba una voz muy autorizada.
Entre ellos no eran frecuentes las separaciones. Pero ante cualquier posible conflicto, él suele aconsejar la mejor solución con el menor daño posible para los implicados.
Estaba avanzada la primavera y ya era época de que viajaran y pernoctaran algunos musguis que cruzaban el valle. Algo lejos, pero accesible para ella, se encuentra una musguera o residencia donde musgos y musgas de paso descansan, conocen el lugar y participan de algunos eventos
Rotor le indicó que se entrevistara con Jeshua, que dirige aquel lugar, por si pudiera ser una alternativa de trabajo. Le dio su combinado o clave de referencia para que le explicara el caso.
Entre los musguis existe una forma de comunicación muy singular. Mentalizan el mensaje y el combinado de referencia de quien se lo quieren enviar, y mirando al cielo, levantan las cejas dos veces seguidas con rapidez y el mensaje llega a su destinatario; le llaman cerebrinet, Así lo hizo con Jeshua.
Por aquellos días aconteció que se celebraba entre la comunidad musgui, la musgada mayor, una fiesta en la que participaban muchos de sus miembros; unos y unas tocaban algún instrumento, o cantaban, o interpretaban un dialogo, o contaban historias… Era una noche muy divertida que tenía lugar en el musgódromo situado en la zona más alta e inaccesible del valle, donde los mantos de musgo gozan de buenos espesores y abundante humedad…
Klara cantaría e iba acompañada de Tron. Jeshua contaría algunas de sus historias inspiradas en otros lugares del Pirineo y tocaría una balada con su flauta dulce... y muchos musgos y musgas tenían programadas sus actuaciones.
Jeshua se encontró de improviso con Klara a la que le dijo que había recibido su mensaje y que le contestaría. Aquella corta conversación no le gustó nada a Tron, que de costumbre ya llevaba dos tragos de musgol…
Entre las primeras actuaciones estuvo Jeshua con una de sus viejas leyendas que finalizaba con un tema tradicional tocado con su flauta dulce; Tron trató de interrumpirle, con gran disgusto de Klara. Luego vendría Devra, la musga que vivia con otras musgas, y que representaría con todas ellas un teatro de sombras.
Y luego cantaría Klara; ella subió muy afectada al impresionante musgódromo, donde la luna creciente iluminaba unos grandes troncos cubiertos de musgo. Todos veían que llevaba enrojecidos los ojos… Se hizo un silencio cómplice, que permitía se oyera a lo lejos la cascada que vertía el agua de un meandro al otro…
Era una canción muy triste que presagiaba el final de una etapa vital y que fue muy aplaudida entre un llanto desconsolado. Tanto impresionó, que Devra, que se encontraba muy cerca, le propuso que la acompañara esa noche a su musgona, un espacio donde ella vivía con otras compañeras discretamente, alejado del núcleo donde vivía la mayoría de los musguis.
Decidió irse con Devra. Aquella noche supuso una liberación para Klara. Una vez allí se asomo sola al borde de la musgona; el espectáculo de la noche, iluminada tenuemente por la misma luna creciente, era una fantasía. Al rato sintió por detrás las manos de Devra relajar sus hombros que le pareció una sensación maravillosa…
Luego le acaricio los costados hasta juntar sus manos en el vientre, con tal suavidad, que aquello le transmitió una enorme paz. Poco a poco sintió y permitió una marea de caricias y besos; pensó que merecía ese momento de placer y vértigo, después de días de angustia y zozobra.
La madrugada le llegó con Devra en el musgati, una especie de colchón muy suave hecho de acículas jóvenes de coníferas, cubiertas de una fina funda de corteza de abedul. Klara solo pensó que necesitaba unos momentos de sensualidad tras muchas veladas de ansiedad que le `producía musgraña (entre las musgas, un dolor persistente en la cabeza que tiende a cronificarse)
Pasaron los días y Klara se quedó un tiempo viviendo con Devra y sus compañeras. Recibió un mensaje de Jeshua y fue a verle.
La musguera de Jeshua le pareció singular y acogedora. Le ofreció recepcionar y preparar los musgolow y las musgovanas, que son los lugares donde duermen los musgos y musgas visitantes; desde que llegan con sus globos transparentes movidos por el viento; tendría que asesorarles de cuantas cosas pudieran realizar los días de estancia y proporcionarles los medios que necesiten,
Desde el primer momento Jeshua, le encargo también llevar una parte del aprovisionamiento que precisaba Quartulos el cocinero. La alimentación de los musguis es muy básica a la vez que compleja.
Por ejemplo, la producción de proteína se realiza en una extensa esponjada de musgo de grandes tallos, por la que circula la lámina superficial de agua de uno de los barrancos; éstos arrastran gran cantidad de invertebrados que se procesan en un formato cilíndrico.
Bajo las rocas, la turbera produce una gran variedad de pequeños tubérculos, algunos tipos de hortalizas y frutos herbáceos. En el fondo de las grietas crecen especies frutales, debido al fluido constante del agua. De la clorofila de las praderas se extraen semillas y se elabora una pasta antioxidante que ayuda a eliminar toxinas. Podríamos enumerar muchos más recursos alimentarios y de especias que utilizan los musguis
Así Klara, con una lista elaborada por la cocina, acudía a una especie de mercado que formaban unas paredes de roca cubierta por un techado de musgo, donde se almacenaban muchos de los alimentos que se precisaban en la musguera. Empaquetados en sacos los arrastraba colgados en su pompa voladora.
Jeshua, comenzó a acompañarla para que conociera a los distintos proveedores, a la vez que se interesaba mucho por detalles de su vida, que empezó a incomodarla.
Un día, en un puesto, vio unas figuras de las brujas de los musgos; le indicó que escogiera el color de una de ellas y se lo envolvieron; tuvo el propósito de guardarla para regalársela en un momento oportuno.
Jeshua es un musgo hecho a si mismo; un autodidacta. Es optimista por naturaleza y algo soñador. Luchador hasta la médula, cuando un camino se le cierra, se empeña en abrirlo; y si lo viera imposible, enseguida, a un lado o a otro procura descubrir una senda alternativa que le lleve a un objetivo semejante.
Es impaciente: cuando un propósito lo consideraba adecuado o bueno, debe de conseguirlo cuanto antes.
El sabe, por la experiencia de los años, que la independencia lleva como contrapartida la soledad. Lo acepta y siempre arriesga…
Le rondaba la impresión que a Klara la había conocido en un momento anterior, completamente inconcreto e indefinido; cada detalle o aspecto que descubría de ella, se lo corroboraba. Su interés por saber de su vida fue encerrando y distanciando la confianza de Klara en él.
Desde los primeros instantes de tratarla, para él era evidente que ella era la musga que querría encontrar para compartir todo su mundo. Le propuso trabajar y asociarse con él, organizar ambos el proyecto mano a mano, recorrer juntos los rincones del valle… Toda una ilusión sin respuesta
Él estaba convencido, que había muchas cosas que les unía: planteamientos sociales, formas de vida, intereses, valores, aficiones… y sobre todo la compañía de musguitos cuatro patas (para los humanos, mascotas), que ambos tenían y cuidaban
Pero la intuición de Klara le alertaba que el interés por ella, podría conducirla a enredarse en una nueva relación que no deseaba. Todavía sentía las heridas de su convivencia con Tron y le asustaba su nuevo jefe…
Así que utilizando el cerebrinet y conociendo la clave de referencia de Jeshua, le envió el siguiente mensaje: “eres muy mayor, mi mundo nada tiene que ver con el tuyo y además no me atraes; por otro lado, tengo una amistad íntima con Devra. Deseo llevar contigo una relación exclusivamente de trabajo””
Jeshua estaba muy acostumbrado al fracaso, Cuando este era doloroso, disponía de una jornada hasta la primera noche para curar las heridas; otra jornada hasta la segunda noche, para encontrar nuevos objetivos que le ocuparan su atención; y una última jornada hasta la tercera noche para preparar una buena estrategia que canalice los siguientes quehaceres. Y el dolor siempre quedaba atrás como un mal sueño…
En el desarrollo de la musguera colaboraban otros compañeros y compañeras: Brinkel el incondicional, Buhardilla su mas fiel coordinadora, Panxo quien llevaba a los visitantes a conocer las musgadas mas altas del valle, Bispidia, una idealista pegada a la tierra, Sancras, una eficaz trabajadora, Krony un manitas del mantenimiento…
Klara se refugió en todos ellos para desprenderse de lo que le suponía la presencia de Jeshua. A partir de entonces, éste solo habló con ella de aspectos del trabajo; y ella solo de las horas que le suponían sus quehaceres
En la actividad de la musguera, el plan de cada día y los horarios de los visitantes los proponía Jeshua; y sobre todo los invitaba a las noches con hechizo que organizaba con la luna creciente. Comenzaba con el encendido de una hoguera… (aviso a los humanos que cruzan de noche por el bosque: si veis un resplandor bajo los mantos de musgos, alejaros, podríais estropear una fantástica experiencia…)
Mientras se consumía la hoguera, viajeros y viajeras comentaban sus impresiones de la experiencia vivida, Jeshua narraba una de sus historias y vertía sobre una cazuela de limo cocido una cantidad suficiente de musgol, la bebida alcohólica de los musguis, a la que añadía frutos del bosque y especias;
El licor lo quemaba con el mismo fuego que estaba prendido en la hoguera, y con un cazo lo alzaba y lo vertía como llamaradas sobre la cazuela. Mientras esto sucedía, tocaba en el silencio, bajo el cielo estrellado, una melodía entrañable con su flauta dulce…; luego brindaban con aquel bebedizo por nuevos reencuentros
Pasaron los días y Klara, antes de finalizar la temporada, se marchó de la musguera a realizar otros trabajos. Y no supieron más el uno del otro.
Finalizadas las últimas fechas de visitantes, ayudado por sus colaboradores, Jeshua recogía y ordenaba la musguera para dejarla preparada para el próximo verano.
El otoño es una estación muy ajetreada para el mundo musgui, Hay que preparar provisiones y quehaceres para el invierno y no hay mucho tiempo. Las primeras nieves pueden sorprender y todo tiene que estar a punto.
Antes del invierno, en ese valle, suelen caer pronto los primeros espesores de nieve; luego las heladas congelarán la superficie exterior y se formará debajo un efecto iglú; los mantos de musgos nunca se hielan y sobreviven, El mundo musgui queda cubierto, Es entonces cuando Rotor envía cuadrillas de musgos jóvenes y fuertes, que comienzan a crear conducciones por el interior de la capa de nieve, para comunicar las musgonas, sus talleres, las fuentes de aprovisionamiento…
En realidad, todo funciona en invierno con servicios mínimos, pues las despensas suelen estar llenas y las principales necesidades y trabajos cubiertos.
A Jeshua aún le quedaron las últimas jornadas del otoño para sentarse al borde de su musguera y hacer un balance de la temporada. Solía elaborar alguna de sus historias con las experiencias que había vivido.
Por más que revolvía en su memoria, lo acontecido con Klara ensombrecía todo lo demás… En resumen podría contar la gestación de un fracaso, pero poco más
Se arrepentía de la maldita prisa de querer proyectar sobre los demás sus propias evidencias, sin caer en la cuenta que cada individuo tiene su ritmo.
En vez de haber mantenido conversaciones informales y ocasionales con Klara sobre cualquiera de los muchos temas que podrían tener en común, aún dejando caer su interés por ella, pero sin agobiar, ni insistir, es fácil que le hubiera permitido darse a conocer; que ella hubiera tomado alguna iniciativa, algún paseo agradable…
Pero Joshua reconocía que cuando algo tiene claro, lo quiere ya… y aquel ya no pudo ser posible.
Cuando los musguis quieren dejar algo que pueda ser contado a los demás, lo graban en una especie de dedales. Conforme lo refieren en su mente lo van grabando con sus dedos… Cada dedal era una narración. Así que, sentado aquel atardecer en el borde de la musguera, comenzó a grabar en un dedal nuevo la historia que se ha referido hasta aquí, que es una copia exacta de lo que él grabó.
Tenía el convencimiento que su imaginación se desbordaría para aportar una resolución hermosa y ejemplar a esta historia… Pero tras muchos intentos de reiniciar lo acontecido, no daba con un desenlace que le convenciera. Y se quedaba en el punto de completar el final de su desencuentro.
Pero los musguis, que tienen infinidad de recursos, cuando necesitan una idea o soluciones para una situación, elevan su frente al cielo, parpadean dos veces seguidas y esperan…
Suelen aparecer unos pequeños insectos de ojos enormes que se llaman inspiraciones. Y efectivamente vio venir a lo lejos una de esas inspiraciones que reconocía. Era quien tenía las sugerencias más arriesgadas y contundentes… Pero él solo quería un final a esa historia coherente y bello; pero nada más...
Se posó en su hombro y él se resistía a mirarla. Así que la inspiración tubo que cosquillear su cuello…
-“No tengo mucho tiempo…””
Y Jeshua lentamente miró hacia ella, con bastante reticencia. La inspiración, prosiguió:
-“Normalmente los hechos suceden y luego hay alguien que los cuenta; te propongo que sea al revés: que tu los cuentes previamente y que con posterioridad sucedan… Es sencillo ¿verdad?”
La mirada de Jeshua era escéptica y ciñó el entrecejo. Pero ella siguió:
-“Mírame, yo te dejo la sugerencia y luego haz que quieras”
Así que Jeshua, resignado, miro aquellos ojazos grandes y la inspiración descargo en los suyos su sugerencia…
Realmente era descabellada, muy potente, pero con pretensiones que excedían su propósito. Respiro largamente, miró los meandros del fondo del valle… y como no tenía otra cosa mejor, fue grabando con mucho tiento lo que a continuación se narrará.
Pero el dedal donde grabó Jeshua esta historia con el final que se transcribe aquí, le inspiró tanto respeto, que terminada, lo depositó en el lugar donde él guardaba los dedales de todas sus narraciones, cuentos y leyendas; pero lo puso debajo del todo, junto a los rizomas de la capa de musgos. Era respeto, o temor a que cuanto le sugirió la inspiración pudiera llegar a ser cierto…
El desenlace, segunda parte
El invierno en el valle alto de Árreu suele durar hasta Mayo. Comienza el deshielo, pero hay años que son tan abundantes las capas de nieve acumulada, que se necesitan muchos días de sol y lluvias copiosas para que se licue.
Poco a poco aparecen los musgos bajo el manto blanco; éstos tienen su propia fecundación y expansión: los anteridios esparcen su esperma sobre la corriente de agua hacia los arquegonios u órganos femeninos del musgo y sucede el milagro de la vida vegetal…
Y toda la organización social de los musguis comienza a revivir; los talleres a producir, las plantaciones y reservorios de alimentos a ordenarse y reestablecerse. Y también la musguera de Jeshua despierta de su sueño invernal
Jeshua revisó qué reparaciones o actuaciones habría que realizar en ella para preparar el verano y lanza un mensaje por cerebrinet con la doble alzada de ceja, a todos los colaboradores que ha tenido y a algunos nuevos… Les van respondiendo y elabora su grupo básico de técnicos ya experimentados.
También se lo envío a Klara, sin mucho convencimiento de que respondiera; su pasión por ella, aunque permanecía en el corazón, estaba amortiguada por el tiempo transcurrido.
Klara tiene la vida más sosegada; sigue viendo a Devra, aunque vive en otro lugar; y en su alma hay una necesidad de cambio; anhela estabilidad, aún dentro de una vida intensa y creativa. Pero no sabe que alternativa escoger y deja que el destino la sorprenda.
Recibe el mensaje de Jeshua y responde de inmediato. A Jeshua el alma le da un respingo, pero mantiene la calma. Antes quiere verla. Y así le responde.
A Klara aquella invitación a visitarle, le produce otro respingo similar, pero lo considera coherente. Y va a verle.
Los dos frente a frente de nuevo. Klara comprueba que es el mismo musgo que conoció, pero hay algo distinto en él, que no acierta a descifrar. Y siente un impulso no calculado de abrazarle; y lo hace fuerte…
-“¿Qué tal te ha ido Jeshua?
Aun con los brazos en su cuello, como paralizada.
Y a él, algo descolocado, solo le salen dos palabras improvisadas
-“Te necesito…”
A Klara le recorre un calambre de los pies a la cabeza y se echa a llorar. No sabe por qué, pero siente la necesidad de hacerlo.
Él la aparta suavemente mientras le dice:
-“¿Me dejas que me quede con dos de tus lagrimas?”
El desconcierto cambia de bando. Y Jeshua con una ternura desconocida le pasa su lengua temblorosa por las dos mejillas.
-“Ahora tus lágrimas son míás…”
Y se produce el milagro; Klara llora y ríe a la vez… ¡¡Lo sabía… era de esos seres privilegiados, que como su hermana, era capaz de reír y seguir llorando…!!. Un momento que podía cambiar el curso de la historia entre los dos. Y dijo Klara:
-Me lo pusiste difícil diablo. En un medio que desconocía, una persona que nunca había visto… te propusiste abrirme en canal y solo podía huir…”
-“Fui un cretino, un idiota, lo hice fatal. Lo siento”
Fue la respuesta de Jeshua. Ella, dominando ya la situación, le dio dos simpáticos cachetes…
-“Puedes rectificar…”
Y se hizo entre los dos un profundo silencio; como si ambos estuvieran repasando lo que había acontecido y valorando si aquello significaba más de lo que realmente pretendían
-Venías a hablar de trabajo ¿no, Klara?
-“Por supuesto…¿tendría trabajo este verano en la musguera?. ¿me necesitas…?
Esta última pregunta era una obviedad, ya estaba contestada por él antes
-“¿quieres ayudarme a organizar toda la parte doméstica? Consensuamos entre los dos los criterios y tú los pones en marcha…
-“No me gusta mandar, si acaso coordino que se cumpla lo que tu desees.. ¿te vale?
A partir de ese momento ambos respetaron sus parcelas. Jeshua confiaba en ella, El sabía que era comprometida y que lo haría bien.
Antes de terminar aquel encuentro, Jeshua le preguntó:
-“¿Cómo tienes tus musgrañas…?”
-“Me vienen en los momentos mas inoportunos. Me rompen la vida… Pero me he acostumbrado a sobrellevarlas”
-“Las musgrañas creo que son una respuesta del cuerpo, cuando sentimientos y decisión no caminan de la mano. La cabeza protesta si no sientes lo que decides, o decides lo que no sientes…”
-“No pierdes ocasión, eh bandido…”
Pasaron los días. Se iban acercando; pero con pasos muy cortos. Muchas veces se miraban y ya entendían ambos lo que pensaba el otro. De vez en cuando alguna confidencia, algo del pasado de ambos, pero siempre lo limitaban a lo imprescindible, sin ahondar, por mucho que la curiosidad a uno y a otro le dejara algo en los labios…
Hasta que un día, próximo a la llegada de la tropa de colaboradores, el le dijo si hacían alguna excursión, que conocía un lugar que la iba a encantar. El bueno de ella era un sí. Y se prepararon para volar con sus globos transparentes a un espacio de ensueño. Más de lo esperado por ella.
Allí, le decía Jeshua confluye nuestro río con el Rosarí, ¿ves aquel punto? es un lago precioso, es el inferior. Mas arriba está el superior… ¿observas aquella montaña en forma de dientes...? detrás esta el estany de Airoto… Y así fue explicándole a Klara cuanto se distinguía.
Ella estaba impresionada. No había visto nunca un espectáculo de la naturaleza como aquel. Él la cogió distraídamente por el hombro y le dijo, manteniendo los ojos en la profundidad del paisaje:
-“Quizá vaya a romper la magia de este momento, pero no me resisto…”
-“Venga, suéltalo…”
-“Te quiero Klara… aparte de necesitarte”
Lentamente volvió cada uno la mirada hacia el otro… El silencio solo dejaba oír la respiración de ambos. Ella lo observaba moviendo ligeramente la cabeza. El esperaba la reprimenda por la travesura,
-“¿Estás dudando darme un beso?”
-“Pues si…·
-“Hazlo tonto, creo que es el momento…”
Muy despacio, sin apenas pausa, se acercaron por primera vez él y ella. Se reconocieron los labios para asegurarse que eran los de ambos y con una pasión desbordada se robaron el aire, La fuerza y el deseo eran imparables, Duró una eternidad.
Los besos apasionados entre los musguis, contienen un detalle que no sucede entre los humanos. Al finalizar, aparece una semilla sobre la lengua de cada uno, que se intercambian y disuelven con la saliva. Cada uno siembra dentro de su cuerpo el beso del otro; como un compromiso.
Lo extraño es que en este beso hubo tanto arrebato que aparecieron tres semillas; la tercera entre los labios de los dos. Se preguntaron qué hacían con esta última y Jeshua propuso encerrarla en un pequeño cofre. Y si alguna vez discutían o se enfadaban, pondrían el cofre en medio de los dos, para recordar este momento
Terminado el beso y casi extenuados, le dijo Klara:
-“Vámonos hace frío. Ya hablaremos…””
Durante el vuelo de regreso, él pensaba: se arrepentirá, ha sido un momento que ella no presagiaba… Y Klara pensaba en la cantidad de cosas que tenía que cambiar en su vida para convivir con aquel musgo idealista con el que iba a comprometerse…
Ya en la musguera él le enseñó dos pequeños bultitos a la altura de su esternón. Mira, toca, este de arriba es el botón de inicio (play para los humanos) ¿no lo observas más blanquito?; y este otro más abajo, un poco rojo, es el botón de detener (pause para los humanos;) ¿no lo sientes más pequeño? Es que esta pulsado
Cuando me enviaste el mensaje el verano pasado de que no te atraía, lo apreté…; pero si en algún momento lo tienes más claro, acércate y me pulsas el botón de arriba y comenzaré a amarte con una fuerza que nunca habrás conocido. Jeshua era desconcertante; no sabía cuando le hablaba en serio o en broma. Ella sonrió y se limitó a decirle: ¡anda, presuntuoso…!
Pasaron delante de donde se encendía la hoguera en noches de luna creciente. El le dijo: siempre soñé que con quien volviera a compartir este lugar, reuniríamos aquí a nuestros amigos, amigas y a los musguis que nos quieran y delante de ellos beberíamos del mismo vaso (es el rito del compromiso que existía en aquella comunidad cuando una pareja decidía vivir juntos…)
Ella le sonrió socarrona y le contestó: ¿No crees que con el beso te has envalentonado y estás adelantándote a los acontecimientos…? Jeshua se sonrojó y volvió a la discreción acostumbrada
La musguera abriría pronto y empezaron a llegar los colaboradores y colaboradoras; se extrañaban de verlos juntos. El verano anterior supieron que había un socavón entre ellos… Pero les gustó la nueva situación. Presagiaba cambios. Todos tenían un buen concepto de ella.
Ordenándolo todo, Klara llegó a donde Jeshua tenía sus dedales... ¿y todo esto? le preguntó. Pues algunos de mis cuentos y narraciones… Pues voy a utilizarlos, dijo ella, ya verás...
Recogió todos menos uno que estaba enredado en los rizomas de la planta del musgo, Seleccionó media docena y los lanzó al cerebrinet indiscriminadamente.
Para ello, los musguis tenían un procedimiento: cogían un dedal con su mano izquierda, la levantaban apretándolo con el puño, luego levantaban la frente como de costumbre, realizaban un doble levantamiento de cejas y su contenido era compartido por gran cantidad de comunidades musguis del planeta.
Las reservas aumentaron ese verano. Muchos querían conocer al autor de aquellas historias fantásticas y escucharlas de su voz. El trabajo aumentó y eran las mismas manos de siempre… Trabajaron a destajo; la afluencia era más de la esperada…
Una noche cuando ya los visitantes se retiraban a descansar, se sentaron los dos al borde de la musguera… Decía Klara:
-“Estoy muy cansada; han sido muchas horas…”
-“Ya, Klara, lo siento”
-“Muchas horas… pero ¡¡chimpun!!”
-“¿Chimpún…? ¿Qué quieres decir…?”
Le cogió Klara con decisión por la nuca:
-“No eres ni con mucho el musgo más joven, ni atractivo, ni seductor que he conocido en mi vida… pero me has dado estabilidad y un objetivo en el que me siento útil… Gracias Jeshua… no tengo ya ni musgrañas… no me lo puedo permitir””
Por no ponerse sentimental Jeshua, apoyó sus codos sobre las rodillas, y con las manos sujetó su barbilla y miró hacia los meandros que seguían impasibles bajo la luz de la noche…
-“Entonces ¿ponemos fecha para beber los dos del mismo vaso?
Klara por toda respuesta le dio un pescozón. Y saltó Jeshua:
-“¿tanto te lo tienes que pensar…?”
-“Siendo como eres no lo puedes entender. He sufrido mucho y no quiero volver a dar un paso atrás”
Y se hizo un silencio que duró una eternidad. Hasta que una brisilla los hizo regresar hacia sus lugares de sueño.
Hubo otros momentos en los que Klara y Jeshua se sentaban al borde de la musguera. A él le gustaba coger su cuerpo menudo en sus brazos y sentarla sobre las piernas, de tal forma que los pies de ella quedaban colgando en el aire; decía é
-“¿Qué sientes Klara?
-“Que tu me unes a la tierra...”
Otras veces, cuando la tensión del trabajo les hacía evidenciar diferencias, sentados al borde de la musguera, dando distintas soluciones a problemas corrientes, ella gritaba
-“¡¡Eres insoportable…!! Pero te quiero.”
Tras un silencio, ella decía: bien mirado quizá tengas razón, tu propuesta es buena… A lo que el respondía: no, tu planteamiento es mejor… e iniciaban una nueva discusión, ya más contenida, defendiendo ambos la posición del otro. En este punto, terminaban en una carantoña, aún sin acuerdo...
Pocas veces se enfadaron, pero cuando lo hicieron, uno de ellos buscaba el cofre de la tercera semilla de aquél entonces y renacía la paz.
Ella le reprochaba que no era realista; que si vivían juntos, ¿sabía Jeshua los problemas que habría que resolver…? Él se encogía de hombros, con un gesto de no darle importancia.
Entonces ella hurgaba en el planteamiento: ¿sabes por ejemplo cuantos musguitos cuatro patas tenemos entre los dos…? Les obligaríamos a convivir a todos ellos… ¿Cómo lo resuelves...?
Todo tendrá solución, decía él; cada día resolvemos aquí problemas más difíciles, estamos acostumbrados. Y ella hacía el gesto de…¡¡está en las nubes!!,
Aquellos días la actividad en la musguera era frenética. Quienes trabajaban iban desbordados; unos mostrando los lugares más impresionantes a los musguis visitantes, otros preparando los alojamientos, otros cocinando, otros arreglando, otros preparando los detalles… Y Klara sacó una cualidad personal desconocida, incluso para ella misma; era capaz de estar en todas partes motivando a unos y a otras para que los servicios resultaran perfectos.
Pero las noches de luna creciente, eran impresionantes; no cabía un alma. Se encendía el fuego, se quemaba el musgol, Jeshua se venía arriba con alguna de sus historias… pero luego aparecía Klara y con una seguridad que maravillaba a la concurrencia: tras el cansancio del día, cantaba unas canciones bellísimas acompañada de la flauta dulce de Jeshua.
Aquello se venía abajo de aplausos; y una canción más y una historia más… y los aplausos arreciaban. Se cuenta que algunos rebecos que pasaron cerca, huyeron despavoridos…
La fama de aquella musguera rompió los límites del continente. No se sabía como llegaban musguis de tierras lejanas que habían oído hablar de aquellos bosques y aquellas montañas escondidas, incluso para los humanos…
Cada año Klara le dejaba más tiempo a Jeshua para que grabara aquellas narraciones que tanto emocionaban; y ella preparaba más canciones que ponían la rubrica a unas noches hermosas de luna creciente.
Un día cogió Klara a Jeshua de la mano y fueron despacio al borde de la musguera. Se sentaron; y ella como una adolescente, entrelazó sus manos sobre las rodillas y le dijo mirando los dos meandros unidos por la cascada…
-“Jeshua, estoy enamorada de ti, No podría prescindir ni de tu compañía, ni de este lugar que has creado con tu esfuerzo. Ya pueden aparecer los musgos más maravillosos del planeta, que tu para mi. eres insustituible. Me has dado muchas razones para vivir y afrontar el destino”
A Jeshua, que estaba a lo suyo, se le cortó la respiración. No lo esperaba. A la pregunta de ¿y que hacemos ahora? Klara le dijo: pues ese momento que tanto esperabas de beber los dos del mismo vaso… lo podemos preparar, inmediatamente después del verano.
Y fue la mayor fiesta de aquella comunidad musgui, un acontecimiento que recordarán varias generaciones. Allí estaban todos: compañeros y compañeras de las distintas etapas de vida de los dos, colaboradores antiguos y nuevos, y ni se sabe la de musguis de otros lugares que habían sido felices los días que pasaron con ambos, y que regresaron unos días para acompañarlos.
No había sitio para nadie más. Se hizo el milagro de que quienes llegaron los últimos pudieron alojarse en las musgonas de los vecinos. Rotor tuvo que movilizar grupos de voluntarios y voluntarias para canalizar aquella marea de visitantes…
Jeshua preparó su mejor historia, y Klara su canción más celebrada. El fuego crepitaba entre los dos, se agotaron las provisiones de musgol, frutos del bosque y especias para el grandioso bebedizo. Escasearon los alimentos de los productores locales para atender a tanto invitado.
En el momento cumbre donde Rotor, como representante de la comunidad, les ofreció el vaso para que ambos bebieran un hidromiel excelente, visiblemente les temblaban las piernas. No se podían imaginar tanta expectación. Y finalmente el beso. Jeshua tuvo entonces una ocurrencia estelar:
-“Klara, ¡¡solo dos semillas…!!”
Y Klara confundida, mezclo risa con llanto, una vez más, en un gesto improvisado propio de una actriz. Fue lo mejor de la noche.
Jeshua era mayor que ella. Y a pesar de lo mucho que se cuidaba, por él y por no dejar sola a Klara, le llegó la hora de realizar el último viaje, antes que a ella. Ambos lo esperaban y estaban preparados. Klara a pesar del dolor del inminente desenlace, estaba muy entera.
Él, poco antes de la partida le cogió la mano y en un murmullo le dijo:
-“No te preocupes, permaneceré dentro de ti, por tantas semillas que nos hemos entregado…”
Y después, antes de iniciar el desconocido viaje hacia el cielo de los buenos, solo le dijo: Adios compañera mía…
Klara no se derrumbó en ningún momento. Todos y todas la observaban y admiraron su entereza, como si alguna fuerza imperceptible la animara.
Entre los musguis, era costumbre despedir el cuerpo de quienes se van, antes de ser enterrado en las praderas, cerca de los caminos por donde pasan los humanos, para protegerles...
Quiso Klara preparar concienzudamente aquella despedida. Tuvo tiempo de recoger todos los dedales que había grabado Jeshua en su vida. Pero recordó que había uno que no cogió cuando los ordenó. Lo rescató con algo de esfuerzo, apartando las nervaduras de los rizomas de la planta del musgo.
Y comenzó con su dedo a interpretar el dedal. Coincidía con la primera parte de esta historia. Y ella moviendo la cabeza se decía: Jeshua no tenías remedio...
Pero cuando comenzó la segunda parte, en la que aún estamos, no se lo podía creer. Se narraba punto por punto toda la historia posterior de ellos, desde que comenzaron de nuevo el segundo verano… Todo cuanto había sucedido, a pesar que el dedal, de ello estaba Klara segura, permaneció inmóvil en aquel sitio. Como si la sugerencia de aquella inspiración, de grabar antes lo que podría suceder, hubiera determinado la maravillosa unión de ellos…
No lo resistió. Se acercó al borde de la musguera ella sola y gritó con todas sus fuerzas:
-“¡¡¡Jeshua eres insopòrtable, pero te quiero estés donde estés con todas mis fuerzas!!!
Seguido de un llanto desgarrador y desconsolado. Se cuenta que el grito lo escucharon los vecinos de Árreu, a muchísima distancia del lugar.
Cogió con mucha serenidad el dedal, lo empuñó con su mano izquierda, levanto su frente e hizo un doble cejeo… y lo lanzó indiscriminadamente a través de cerebrinet por muchas comunidades musguis, y fue compartido desde estas con otras, y de otras con otras más lejanas.
Así que la despedida del cuerpo de Jeshua resultó un acontecimiento muy conocido en todo el universo musgui. Hubo que habilitar el musgódromo para el acto. No cabía ya un alma.
Con la entereza que Klara había manifestado desde que se fue, se levantó entre todos y todas y fue relatando, como lo hubiera hecho él, esta historia que estáis finalizando. Respetó fielmente el final grabado, para que nada no fuera lo previsto desde hacía muchos años...
No hubo lágrimas, pero sí una contagiosa emoción. No faltó nadie. Rotor sentenció: él esta dentro de ella, no cabe duda.
Terminada la narración se alzó con su cuerpo menudo, y cantó la canción que más le gustaba a él. Cuentan que el silencio fue tan unánime, que las aves del cielo pararon su vuelo, y hasta la cascada que une los dos meandros detuvo el agua…
Y hay quien mantiene que mientras ella cantaba, bajo el impresionante cielo estrellado de Árreu, a lo lejos sonaba una flauta dulce…

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