Los valles de Áneu desde sus comienzo
- Gente Viajera
- 15 abr
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Actualizado: 22 abr
La caricia del agua
Hay quien piensa que las fuerzas de la naturaleza, cuando crearon los Valles de Áneu, se entretuvieron mucho por la complejidad de sus valles, de sus circos glaciares, de sus cientos de lagos y frondosos bosques…; se liaron, se desbordaron y surgió un gran espectáculo.
Encontré, por casualidad, una bolsa de tela entre la malla metálica de un viejo somier desvencijado, en una casa que aún se mantenía en pie, en un pueblo deshabitado de los Valles de Áneu…
Dentro había unas cuartillas cuadriculadas, arrancadas de un cuaderno, dobladas y protegidas por dos tapas de cartón atadas con cordoncillos…
Allí, con una caligrafía difícil, escrita seguramente con una plumilla de las que se mojaban en tinta, a juzgar por el grosor discontinuo de las letras y algunos borrones pequeños entre las líneas, relataba lo siguiente…

“Mi abuelo que es muy sabio, ha estudiado mucho y ha conocido personas de otros mundos, me repetía cada día, mirando las montañas que protegen nuestro pueblo, que eran mágicas y encierran muchos sueños…
Yo le preguntaba que por qué..; y una mañana caminamos mucho y nos acercamos a uno de los lagos que había muy lejos de la casa...
Estuvo un tiempo observando el agua cerca de donde se desbordaba hacia el río. De pronto vio unos brillos que flotaban cerca de la orilla, y me dijo que acariciara el agua, sin sumergir la mano, igual que cuando yo le acaricio la cara; y sentí unas cosquillas muy bonitas…
Pasaron los días; y una tarde nos acercamos al lugar donde nuestro río desemboca en el río Noguera. Estuvo un tiempo mirando la corriente y nos acercamos a una roca donde después de un remolino, el agua se quedaba quieta detrás.
Me dijo que me sentara en la piedra y me descalzara de un pie; cuando creyó que era el momento; me sujeté a él para que la planta de mi pie acariciara el agua de la orilla, sin mojar los dedos.
Tuve que resistir la impresión, que era muy parecido a cuando camino descalza por la hierba del prado. Sentí un temblor que me subió por el cuerpo. Se lo dije y el sonrió, y dijo bien.
Cuando me levante, quiso que apoyara la cabeza sobre un inmenso árbol que había detrás. Y mientras volvía a ponerme el calcetín y las alpargatas me senté sobre una de las grandes raíces y me eché hacia atrás mirando las ramas; sentí otro temblor y algo de frío. El me dijo: ahora sueña…
Aquella noche tuve un sueño que recordé al despertar. Cuando regresé de la escuela, me acerqué al abuelo que estaba sentado mirando las montañas.
Le dije que había soñado que era enfermera y que estaba en un hospital con mucha gente...El me preguntó, sin dejar de mirar a las montañas, si me gustaría serlo; y mirando sus manos le contesté que sí.
Entonces me contó una extraña historia.
Hace millones de años, el amo de estas montañas las estuvo creando, formando y levantando. Al terminar su trabajo las vio tan hermosas que se enamoró de ellas; pero el cansancio le dejó profundamente dormido durante un tiempo. Al dormirse derramó todos sus sueños sobre ellas…
Esos sueños las impregnaron y penetraron bajo las rocas desprendidas que cayeron desde la altura, y se ocultaron bajo el suelo de las praderas y fueron poco a poco acumulándose sobre el fondo de los lagos.
Esos sueños cogieron la forma de arena transparente y diminuta que brillan cuando flotan sobe el agua; y en el momento que las descubres y rozan la palma de tus manos, empiezan a ser ya parte de tus sueños.
Esa arena baja libremente por la corriente hasta llegar al gran río. Y es entonces cuando los sueños que encierran los diminutos granos de arena no quieren abandonar el valle donde se formaron.
Se acumulan en los remansos de la desembocadura; y cuando un pie roza con ellas, penetran por la piel, reconocen los sueños que ya entraron por tus manos y se esconden en tu corazón, como lo hicieron bajo las montañas.
Siempre en las desembocaduras de los ríos hay un árbol grande y hermoso, cuyas raíces han ido atrapando muchas de esas arenas del sueño y ya son parte de ese árbol.
Al reclinar tu cabeza sobre él, por ese contacto, se estimulan los sueños encerrados en el corazón y alcanzan el cerebro… Y es entonces cuando producen en las personas los mejores sueños que te ayudan a forjar su futuro…
Al terminar esta historia, me miró con una sonrisa muy dulce y luminosa. Me dijo que si al final del verano, seguía soñando con ser enfermera, que se lo dijera.
Hoy le he contado que seguía soñando con ser enfermera; entró en la casa y sacó de una bolsa de tela un dinero que tenía ahorrado y me dio una carta dirigida a un vecino, buen amigo suyo, que vive en la capital, que me ayudara con ese dinero a ser enfermera…
Esta noche he escrito todo esto en las hojas que me quedaban de una libreta del colegio; las guardaré en una carpeta y las protegeré con la bolsa de tela donde mi abuelo guardó su dinero durante años.”
Seguramente las escondió bajo el colchón o el somier de su cama. Quiero creer que ella cumplió su sueño. Pero la guerra, los acontecimientos o la vida incierta de las personas, nunca hizo que ella recuperara sus pausadas letras sobre la fragilidad de aquellos papeles.
Ciertamente, hace 80 millones de años, comenzaron a emerger las montañas de las aguas del mar, por el empuje de las placas continentales, las primeras cumbres, cubiertas de la caliza de los fondos; andando el tiempo se desvistieron de esa cáscara blanda, disuelta en los glaciares y movimientos tectónicos. Y nacieron estos valles graníticos y pizarrosos esbeltos
El azar me llevó a dar con este testimonio, y creo cumplir con el destino de aquella historia, dándola a conocer…
A quienes llegue, una vez leída, si creen en los sueños, envíensela a otras personas por si andan encontrando su destino, y no han escuchado sus propios sueños.




















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